“Vivimos en una economía de mercado en la que las cosas tienen un precio”
“Están viviendo del trabajo que hacen otros, no crean nada, ni aportan
nada, ni defienden nada”
“Actúan como si esa idea les hubiera caído del cielo (…) no la valoran, ni
tampoco valoran el trabajo que supuso obtenerla…”
…¿Es cierto eso?¿Hacemos un mal uso de Internet?¿Lo utilizamos para
compartir contenidos sin tener en cuenta su valor?
Pararse a pensar esto ahora sería signo de que uno no tiene la vista puesta
en el presente. La realidad es que si, lo hacemos y es evidente que no vamos a
parar. Y lo cierto es que a pesar del bombardeo constante de argumentos y
discursos por parte de los principales afectados, no parece que vaya a haber
una respuesta conjunta de los consumidores, es decir, de nosotros. El mundo
cambia constantemente, y una de sus principales causas durante estos últimos
años ha sido Internet.
Durante su corta vida, Internet ha logrado que el intercambio de archivos
pase a ser de una prestación propia a una especie de derecho común entre los
ciudadanos del S.XXI. Ningún usuario que comparte música a través de un
software de intercambio de archivos siente que este infringiendo la ley o
perjudicando a nadie. Pensad en este ejemplo:
Imaginemos la cola de un centro comercial, con cientos de personas que
esperan poder comprar el último álbum de su grupo favorito. Después de horas de
espera, varias de ellas llegan a sus casas, encienden el ordenador y suben a
internet todo el contenido de ese álbum. ¿Por qué creéis que lo hacen?
Estos individuos forman parte de un
nuevo tipo de consumidor, que cada vez es más abundante y que en el contexto de
un mundo globalizado y con una red de libre circulación de la información, no
puede resistir el impulso de compartir
algo que le gusta con cualquier persona del mundo. Ellos están cambiando el desfasado
sistema comercial actual, que vela por los intereses económicos de las
empresas, por un nuevo sistema donde lo más importante es la calidad y los
intereses de los consumidores. Y es que al verse comprometidos sus beneficios,
los autores se ven obligados a innovar, los que se quedan sentados viendo cómo
crece su dinero desaparecen y solo quedan los que crean.
De esta forma amigos, que como yo frecuentáis Taringa u otras comunidades
virtuales, Ares, Emule u otros programas parecidos, de esta forma estamos
reduciendo los beneficios de quienes se habían acostumbrado a ganar dinero
siempre de la misma manera. Lo hacemos cada vez que elegimos disfrutar de lo
que nos gusta antes que proteger el medio de vida de todas esas pobres personas
que llevan casi una década sin intentar hacer algo nuevo… temiendo y tratando
de evitar cualquier cambio…
Lo siento en el alma…